El tiempo dentro de una oficina pasa mucho más deprisa. Las pantallas de los ordenadores y el tecleteo de cientos de teclados van impulsando cada segundo. Algo que estoy descubriendo, en la aventura de dirigir Team Escénicos, es que el tiempo pasa frenéticamente deprisa cuando realizas tantas tareas simultáneas y contactas con tantas personas distintas cada día. Quedar la semana próxima es quedar muy pronto, un mes vista es ser un afortunado y dos o tres meses ya no me parecen tanto tiempo.

El tiempo no es infinito, y no lo digo porque algún día todos acabaremos muriendo, sino en un sentido mucho más literal. Cuando lideras tu propio proyecto, la lista de tareas es infinita y el momento de parar parece no llegar nunca de puro entusiasmo. Todo el que haya comenzado una nueva empresa sabe que solo comes cuando tienes hambre, mucha hambre, y que saltarte una comida al cabo de unas semanas nos comienza a parecer algo muy normal y natural.

Es curioso que cuando he trabajado como coreógrafo la sensación era similar. Te dan un tiempo concreto para crear una pieza, digamos un par de meses, y eliges un equipo de bailarines. Te dan un espacio y te dan todas las horas del día. Con los bailarines puedes contar unas 8 horas al día. Físicamente no aguantan más tiempo, pero como coreógrafo el trabajo es eterno y cuando se van, tú te quedas mirando el espacio infinito, analizando vídeos, notas de papel e imaginando las distintas escenas en un escenario vacío.

Al final dirigir una empresa se parece a ser un coreógrafo. Tienes que ir creando movimiento para todos tus empleados, tienes que conseguir que el discurso, servicio o producto que vendas parezca un baile creado específicamente para cada cliente. Todo se estudia, nada es aleatorio en coreografía. La mayoría de artistas tienen muchos métodos mucho más eficaces que sentarse a contemplar la luz de la luna. La luna básicamente mueve las mareas y provoca las olas, actividad con la que ya tiene más que suficiente. Como coreógrafo tienes que analizar muchas cosas al mismo tiempo hasta que creas una unidad de muchos agentes distintos. Probablemente esa unidad artística es la que quizás buscan muchas empresas incluso sin saberlo. Estoy seguro de que la luna tampoco es responsable que las marcas sean marcas, que tengan una identidad concreta y que sean valoradas y reconocidas. 

¿Y vosotros, la luna os ayuda?

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