Mi hijo Bruno tiene 5 años y ya me pregunta cuánto queda para el sábado. Resulta que a su edad la semana ya se le hace larga y quiere quedarse en casa descansando, quiere jugar todo el día sin parar. Le he explicado que ya sólo queda hoy, el jueves y el viernes para que llegue el sábado. Me ha mirado con cara de entenderme sin entender nada. Tres días o siete meses para él duran prácticamente lo mismo.

Hace tiempo que han dejado de preocuparme los días de la semana. Sé que el fin de semana es para mi familia y toca desconectar del trabajo. Y entre semana puedo desconectar de la familia y conectar con mi trabajo. Ambas cosas me gustan y hacen que las semanas pasen de otra manera. Seguramente envejeceré un poco más deprisa ahora que el tiempo no se estira tanto. Y en cuanto me descuide habrán pasado años y mi hijo deje de preguntarme cuantos días faltan y sepa mirarlo por sí mismo en su calendario de Google.

Otra manera con la que me pasa muy deprisa el tiempo es trabajando en la web de Team Escénicos, releyendo y corrigiendo las erratas que, tras el lanzamiento de la web, me han ido pasando. Es bonito ver como un código vacío se va rellenando. Me encanta la meticulosidad con la que Internet te va analizando minuto a minuto colocándote en un rincón u otro del buscador de Google. Poco a poco iremos haciéndonos amigos y le pediré que nos vaya subiendo. No es un amigo fácil y probablemente habrá que darle una paga semanal. Espero que Bruno tarde mucho aún en pedirme dinero real. Por ahora tiene bastante con pequeños muñecos de setenta céntimos que adora con la misma intensidad que los que cuestan setenta euros.

Vivan los miércoles

Yo ahora tengo una razón más para hacer las paces con los miércoles, día duro por antonomasia. Montaña infinita para los que anhelan los viernes por la tarde. Los miércoles serán los días en los que sí o sí veremos un artículo en el blog de Team Escénicos. Aunque si un viernes nos apetece también publicaremos algún reportaje extra. Ahí mucha vida en Barcelona, muchas cosas increíbles suceden por encima de los túneles del metro. Cuando la gente deja de mirar el móvil y contempla las ventanas. Barcelona es una ciudad mucho más bonita incluso de lo que se imaginan los que vivimos en ella. Con tanto esperar que llegue un viernes, que llegue un sábado, que lleguen las vacaciones, se nos han ido escapando muchas ventanas y balcones.

Creo en un mundo en el que mi hijo deje de preguntarse cuanto queda para el sábado, en el que acabe dándose cuenta de que los días de la semana es un invento muy útil y a la vez muy triste. Cada vez aparecen más modelos de negocios que funcionan con oficinas en casa y con horarios mucho más flexibles. Donde la balanza entre conectar y desconectar va cambiando sus ejes y sus engranajes. Es difícil separar drásticamente lo laboral de lo personal cuando metes toda tu alma y tu persona en tu trabajo; aun así es necesario hacerlo, para que los momentos que estoy con mi hijo sean momentos sean sólo eso y nada más. Qué nunca más mi hijo me mire y tenga que decirme: Papá, deja de mirar el móvil, te toca, ¡que te toca!

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