Hace años la queja común era que comenzábamos a llamar sandwiches a los emparedados. Y no culpo a nadie porque la palabra emparedado no hay por donde cogerla. Por usar, uno puede usar bocata, bocadillo, pero emparedado es imposible de retener. Alguien que se despierte justo ahora de un coma y quiera entrar en el sector empresarial mirará con nostalgia los tiempos en los que el único inglés que entraba servía para tomar una Coca Cola Light. Nadie se atreve a pedir una Coca Cola que pese poco.

Ahora, si quedamos con alguien, tenemos un meeting, si queremos verle la cara, haremos una video call o un Skype. Si nos llevamos bien y trabajamos a gusto estaremos haciendo teamwork. Y si compartimos un lugar con otros trabajadores, le llamaremos coworking, y por supuesto, ellos no son trabajadores autónomos sino que son freelance. Libres por el mundo de la globalización. Si tenemos un cliente en nuestra mirilla, tendremos un nuevo lead.


Ahora, si quedamos con alguien, tenemos un meeting, si queremos verle la cara, haremos una video call o un Skype. Si nos llevamos bien y trabajamos a gusto estaremos haciendo teamwork.


Nunca ha sido más difícil hablar con nuestras madres por teléfono. Para los treintañeros nuestras madres ya superan los 60 como mínimo. Y las tenemos desesperadas cada vez que les contamos lo que estamos haciendo. La mía siempre grita: «¿al CO-Qué?»«La oficina mamá.» «¿Pero te has alquilado una oficina con más gente?» «No, mamá, es que es un coworking. Hay agua mineral en garrafas gigantes y todos miramos la pantalla el uno al lado del otro y nos tenemos cariño.»

Crear una cuenta de LinkedIn es ya la apoteosis de los anglicismos. Si juzgamos el nivel de inglés de los españoles por el uso del inglés en las descripciones, un extraterrestre llegaría a la conclusión de que en España somos tan bilingües como en Holanda, que siempre vemos todas las películas en versión original y que nuestras clases de inglés del instituto se daban en inglés. Cuando somos de los países donde más inglés estudiamos y menos inglés sabemos.

Developers, marketings specialist, human resources, retail, muchos founders, CEO, que apuesto lo que sea a que muy pocas personas conocen el significado de esas siglas. Y quien lo sepa, acaba, como yo, de mirarlo en Wikipedia.

Tengo la suerte de hablar inglés por una razón muy simple. He vivido muchos años fuera. Nada tuvo que ver la excelente educación lingüística que recibí en mi instituto de Sevilla. El saber inglés me hace sentirme un poco más tranquilo cuando en mi Linkedin me presento como «Soft Skills Enhancer». ¿Por qué lo uso? ¿Pretendo trabajar únicamente fuera de España? La respuesta es que no. ¿Quieren solo trabajar fuera de países de habla hispana los que utilizan descripciones inglesas? Probablemente tampoco.

Escribir tu eslogan en inglés se acaba convirtiendo en una de esas cosas que haces porque “suena tan bien” que no puedes resistirte al préstamo lingüístico. Soft skills, como ya comenté en este otro artículo podría traducirse por habilidades blandas… que suena fatal. Lo mire como lo mire, a mí, y posiblemente al resto, le suene mucho mejor soft skills. Aunque lo más importante es que lo que sea que signifique soft skills se complementa con lo que hacemos. Hay una integridad real entre la titulitis que muchos nos agregamos en un idioma prestado y lo que realmente hacemos. ¿O nos dejamos llevar por el marketing?


Trato de creer que nuestro amor a tantas palabras inglesas viene ligado a una influencia y una pasión personal y cultural hacia todo lo anglosajón y americano. Pero no acaba de ser cómodo.


Trato de creer que nuestro amor a tantas palabras inglesas viene ligado a una influencia y una pasión personal y cultural hacia todo lo anglosajón y americano. Pero no acaba de ser cómodo. Me encanta aprender idiomas. Soy fan del italiano, he aprendido un poco de holandés y he pasado muchas horas aprendiendo nuevas palabras de idiomas con los que no nací. Es un proceso increíble, el poco a poco irse sumergiendo en otra lengua, hasta que sueñas y sientes con ella. Lo que permite el aprendizaje de otra lengua es la inmersión total.

Lo que estamos haciendo con el idioma empresarial no es una inmersión. Es una mezcla extraña constante de términos de lenguas que nos son parejas. Se hace extraño y personalmente me entra envidia de los nativos ingleses que pueden hablar de negocios y usar una sola lengua sin tener que ir cambiando constantemente de registro para meter una palabrita aquí y allá de otro idioma. ¿Realmente es necesario? ¿Nos hemos quedado sin palabras para tener que traducir?