Felicidad es una palabra complicada, una palabra un tanto maltratada. Recibimos muchos mensajes publicitarios con personas saltando en la playa que nos gritan que seamos felices al mismo tiempo que nos venden una bebida refrescante. La felicidad se ha ido uniendo cada vez más con el consumo, hasta el punto de parecer el consumo mismo. 

La felicidad se ha ido uniendo cada vez más con el consumo, hasta el punto de parecer el consumo mismo. 

Viendo la televisión da la sensación de que si encuentras la felicidad podrías comerla o beberla de un sorbo. A medida que la felicidad se vende con carteles más y más altos, al mismo tiempo se va vaciando de contenido. 

La gente quiere ser feliz pero sin saber por qué. “Quiero ser feliz porque lo dicen en la tele” 

En este ecosistema ha aparecido una profesión relativamente nueva: Director de Felicidad. Por supuesto tiene su término en inglés  Chief Happiness Officer que usamos los españoles. Tal y como la palabra dice son personas que quieren supuestamente encargarse de que los equipos se sientan felices y motivados. 

Al escuchar una profesión de este tipo es fácil que nos imaginemos a alguien muy sumergido en la filosofía del New Age, con un collar de flores, y que nos diga frases del tipo, “respira y abre tu corazón”. Como mínimo si alguien se te presenta con un título que usa una palabra tan gastada, es sencillo que nos pongamos a la defensiva. Probablemente con razón, ya que en el mundo actual no son pocos los falsos gurús e iluminados de turno que se crean su propia web y comienzan a “sanar el mundo”.

Pues con este punto de partida en mi cerebro he conocido a un director de la felicidad recientemente. Uno que encima se llama igual que yo, Y Joaquines en Barcelona no abundan. Ese fue el detonante para pedirle una entrevista y conocerle. 

Ante un prejuicio, lo mejor es preguntar, hablar y conocer de cerca. Así que eso hice. La persona en cuestión es Joaquín Viñas. Formador en felicidad en el trabajo y profesional del desarrollo de empresas.  He de decir que Viñas (no le llamaré Joaquín para ahorrarme la confusión) es una persona que sabe escuchar, te hace sentir muy cómodo, y cuando te hace una pregunta demuestra interés por la respuesta. No hace monólogos, no te cuenta su “película”. 

Viñas es un valiente, utiliza la palabra más allá del uso que otros puedan darle. Las palabras llevan miles de años con nosotros y hay que defenderlas. El modo de recuperarlas es darles el uso que creemos apropiado, nunca abandonarlas.

Viñas es un valiente, utiliza la palabra más allá del uso que otros puedan darle. Las palabras llevan miles de años con nosotros y hay que defenderlas. El modo de recuperarlas es darles el uso que creemos apropiado, nunca abandonarlas. Por ello cuando Viñas habla de felicidad no te vende Coca Colas, felicidad es la capacidad que tiene un ser humano en sentirse que camina hacia algún lugar, una persona motivada, que va descubriendo lo que quiere hacer con su vida, que se marca metas y trabaja de manera proactiva para conseguirlas. Viñas se nutre de la Psicología positiva, y dice no haber creado demasiado, que su trabajo es transmitir conocimientos que a él le han ayudado. No vende su super método mágico, ni lleva amuletos en el cuello, trabaja con el sentido común y con muchos años de experiencia detrás y eso se respira y tiene peso.

Su historia es como la historia de muchos formadores, Director de Marketing entre otras posiciones, no recuerdo, pero alguien con un cargo importante y una responsabilidad. Una persona que ha trabajado empujando las manecillas del reloj y consiguiendo, casi, que las horas de trabajo superasen las 24 horas diarias. Muchos altos cargos no pueden vivir en días de 24 horas y parecen estirar el reloj hasta que revientan. Muchos se cansan, o tienen un click, un momento en el que deciden hacer un cambio, y una vez lo consiguen, de un modo muy humano y natural, acaban compartiendo su experiencia y haciendo de ello su profesión. 

Me di cuenta que quizás el problema no lo tiene la palabra felicidad, si no el problema es inherente a nuestra sociedad de consumo rápido e inagotable.

En poco más de una hora Joaquín Viñas me convenció sin esfuerzo de que estaba delante de un profesional de los pies a la cabeza. Quizás la camisa blanca y el pelo gris ayudó, una barba cuidada y unos ojos muy amables. Todo suma, pero he de decir que me hizo mirar con mejores ojos a esta profesión nueva. Me di cuenta que quizás el problema no lo tiene la palabra felicidad, si no el problema es inherente a nuestra sociedad de consumo rápido e inagotable. Con esto no quiero decir que cuando alguien se nos presente con un título que utilice la palabra felicidad o coach no tengamos que poner la señal de alarma. Ni mucho menos, lo único que indico es que con Joaquín Viñas podemos estar tranquilos desde mi punto de vista.

 Falta nos hace trabajar en el bienestar de los trabajadores. Y no será algo en lo que las empresas se lancen por “amor”. O al menos no solo por amor.

Está demostrado que un equipo feliz y motivado será más productivo que un equipo que simplemente “aguante el tirón”. Lo importante es que los procesos para cambiar la cultura de una empresa, para desarrollar nuevas maneras de trabajar no se haga con talleres vacíos y aislados. Comparto con Viñas el deseo de trabajar con empresas de manera continuada y con un seguimiento. Un taller suelto puede ser muy agradable, pero una formación que dure todo un año es el tipo de formación con el que nos sentimos realmente satisfechos.

La satisfacción de un formador nos viene cuando vemos que generamos un cambio real y que los que han tomado el curso mejoran en las habilidades trabajadas. ¿Cómo evaluar la felicidad de un equipo?

Pero por favor que nadie me pida nunca que les pase unos psicotest, porque nos guste más o menos, la vida no es tan objetiva como nos cuentan y en lo subjetivo normalmente está la diferencia entre algo bueno y algo increíble. 

Habrá muchas maneras. Yo me quedaría con observar si las personas se miran los unos a los otros, si hacen bromas sanas, si las mesas están cuidadas, si en las reuniones no miran el móvil. Luego veremos si la productividad ha aumentado,  posiblemente así sea y seguro que hay muchos otros métodos para evaluar. Pero por favor que nadie me pida nunca que les pase unos psicotest, porque nos guste más o menos, la vida no es tan objetiva como nos cuentan y en lo subjetivo normalmente está la diferencia entre algo bueno y algo increíble. 

Joaquín Viñas me parece una persona increíble. ¿Objetivamente? No, felizmente, de manera subjetiva. ¿Y por qué hablo de él? Porque estamos en el mismo barco pero con enfoques y discursos diferentes. Porque nuestros trabajos son complementarios y porque hay que destacar a aquellos que hacen bien su trabajo y compartir el contacto directo.