Llegamos el mismo año. Lo primero que hago cuando me mudo a una casa nueva es recorrer las calles que la rodean. Saber que hay y que se respira. Cuesta arriba, de camino a Muntaner estaban acabando de inaugurar una librería nueva. La casa Usher. De hecho, esa casa estaba creada para ser librería y ha debido de sentirse extraña siendo un hogar normal el resto del tiempo. Se intuye que donde ahora están los cuentos podía haber sido el dormitorio de un niño y donde están las novelas más serias quizás fuese la cocina de la casa, donde todo se cuece.

Cada vez que he pasado por delante me viene un “qué bonito” porque tiene la puerta de madera con cristales antiguos, porque el suelo es de rayuela, porque tienen la mesa justo enfrente y cuando entras no tienen que esconder el teléfono, porque no lo están mirando. Paran lo que tienen que hacer y siempre te miran. Siempre me han dado ganas de entrar solo para recibir esa mirada de que se alegren de verme. Te dan la bienvenida y es de los pocos sitios en el mundo en el que si te vas sin comprar no te miran de forma rara, sino que pacientemente te esperan a la siguiente vez para ver si te decides.  

No es fácil decidir donde dejar el cariño, que cuando hablamos de tiendas, se trata de nuestro dinero. Yo siempre que he podido lo he dejado en esta librería, porque es pequeña y mágica y sobre todo porque las tres personas que la regentan son de esos que uno quiere llevárselas a comer a casa. Invitarlos a conocer a tu familia, que vean tus detalles las fotos de tu casa, tus hijos y tu pareja. Como no los pude invitar lo que si hice un día fue acercarme y pedir una entrevista. Una entrevista por placer, porque quiero saber más de las personas y lo que hacen para ganarse la vida. Pero sobre todo quiero conocer más sobre aquellos que se ganan la vida enriqueciendo la vida de los demás, y en este caso la mía.

Recomiendan libros como una abuela que te adora y te cuenta sus recetas, con mimo, hablan de libros como si estuviesen vivos. Supongo que porque lo están y ellos eso lo saben muy bien. Yo no sé cuál de los tres es mejor librero porque lo dicho, a los tres me los llevaría a cenar a casa, de vacaciones a Galicia y de escapada a Formentera. La entrevista se la pedí a quien pensé era la jefa, la líder, la que mandaba. Aunque durante la misma creí entender que eran socios y que mandaban todos en su campo.

Mis preguntas giraban en torno al cómo y cuánto se tarda en hacerse librero, qué significa un librero y cómo es el día a día. Llevo años soñando con nuevas profesiones, hasta que he encontrado Team Escénicos, pero hasta llegar a ser un Escénico he pasado por muchas fases y he querido descubrir las profesiones de los demás. Es una excusa para poder preguntar todo lo que de manera espontánea nunca sale.

Por desgracia solo solemos entrevistar a nuestros amigos durante las primeras semanas. Pasadas las mismas comenzamos a creer que ya conocemos a esta persona y la conversación se centra en el día a día, espontánea y no vamos machacando al otro a preguntas más complicadas. Esta necesidad de hacer preguntas a mí no se me pasa y pese a no ser periodista, me pongo a hacer entrevistas sin que nadie me de permiso.

Algo que se me quedó gravado de la entrevista es que no tienen tiempo para leer, el sistema de compra y venta de libros es arcaico a nivel administrativo y el Iban es larguísimo. Así que tienen que estar muy pegados al ordenador revisando pedidos, comprando y devolviendo libros y haciendo mil albaranes. El margen que se llevan es muy reducido y tienen que echarle todas las horas que tiene el día para que puedan acabarlo todo entre los tres. Así que leen libros fuera de la librería, pero dentro nada de nada. Solo pueden mirarlos de reojo, pueden olerlos quieran o no quieran y pueden hablar de ellos a los visitantes.

Atentos que he dicho visitantes y no clientes, ya que cuando entro en esta librería me siento dentro de un pequeño cuento y los cuentos, aunque se paguen sólo se visitan. No eres cliente de una historia por haberla comprado, no eres cliente de un teatro por pagar una entrada. Lo mismo ocurre en esta librería. Por algo se llama Casa Usher y está inspirada en un relato de Edgar Allan Poe.

Mientras escuchaba todo lo que me iba explicando analizaba si yo podría ser un buen librero y cuanto más me explicaba más me daba cuenta de que no iba a ser posible. Yo quería respirar y leer libros, pero no podría rellenar tantos datos y tantos albaranes. Las editoriales me pondrían en la lista negra. Lo pensaba con pena, ya que no creo que haya muchos lugares más bonitos donde trabajar que en una librería. A parte creo que existe una imagen colectiva del librero sabio, prestada de la película de “La historia interminable” por la que todo guardián de libros es un ser misterioso y mágico. Siempre he querido contagiarme de la gente inteligente, así que ser librero como sueño infantil era como hacerse emperador de Roma. Mi problema es que los sueños infantiles a mí me duran toda la vida, y los tengo a pares. Así que me acerqué a esta entrevista con la fantasía del niño que aún puede decidir todo su futuro. ¿Puedo hacerme librero? ¿Cómo hago para convertirme en uno de ellos? Y viendo que no lo veía factible pasaba a dejarme llevar por la curiosidad y escuché todo el tiempo que pude robar.

Hablamos de editoriales, de cómo tratar al que entra por la puerta, de los tipos de clientes, de cómo dar la recomendación adecuada, de cómo atender sin perseguir. Cuando ellas te preguntan si te pueden ayudar es como si te preguntasen precisamente si te pueden ayudar. Al contrario de lo que ocurre habitualmente, no me siento incómodo y atacado cuando se me acercan con  “¿te puedo ayudar?”. No me siento invadido, sino invitado. Al fin y al cabo, si entras en un cuento y un duende se te acercase no podrías más que sentir curiosidad y te dejarías aconsejar. Ellos conocen las hojas que crecen en sus árboles, fabricadores de hojas escritas. Sin magia no hay literatura. Si a un librero no le brillan los ojos yo me marcho. En la casa Usher tenemos 6 estrellitas lectoras en su tiempo libre. Les invito a conocerlas. Calle Santaló 79. Acérquense y háganles todas las preguntas que quieran. Compren sus libros y conviértanse en visitantes. No pidan descuentos, sean respetuosos y disfruten de la visita.

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