Nervios, gente atenta a lo que vas a decir y tú sin saber qué hacer con las manos o sintiendo que la voz te tiembla. El miedo a hablar en público, también conocido como pánico escénico o… ¿por qué me habré metido yo en esto? Algo que veo a menudo y que me resulta familiar.

Me pongo rojo cuando hablo en público

Durante muchos años fui de esas personas que rápidamente se ponen rojas al hablar en público. Si la persona que me hacía la pregunta era una mujer, la velocidad con la que yo me transformaba en un semáforo en rojo era aún más rápida. Nunca comprendí que ganaba el cuerpo llevando toda la sangre a la cabeza cada vez que tenía miedo. Comprendo que cuando sentimos miedo la sangre se nos vaya a las extremidades, para salir corriendo…

Sin embargo cuando sentimos vergüenza se nos va a las mejillas. Y entonces nos da más corte, y nos ponemos aún más rojos. Y si encima eres muy blanco y rubio el contraste es alucinante. En esos casos mis compañeros me hacían saber que me había puesto rojo, como si el calor de mis mejillas no fuera suficiente, y aún me ponía más rojo. Respiraba, tratando de convencer a mi sangre que volviese a su sitio, que me dejase decir lo que tenía que decir. Acababa hablando, tímido, llegaba al final de la frase. Volvía el silencio, volvía mi blanco natural y seguía vivo. Nadie se había levantado de la mesa y me había agredido por ponerme rojo.

¿Por qué nos dará tanta vergüenza que nos cambie el color de la cara?

Para aprender a no ponerme rojo mi técnica era usar la ironía y ser lo más tosco posible, tratando de contrarrestar el hecho de ser una persona sensible que se emocionaba y se ponía nerviosa con facilidad. Cuando superé una adolescencia tan dura como la de cualquiera, comencé a bailar, comencé a subirme a un escenario y se me quitaron todas las vergüenzas. En el contexto de la danza ya no me sentía expuesto a risas. Sabía que dijese o hiciese lo que hiciese, nadie se iba a reír de mí. Y eso marcó la diferencia.

Sentirse seguro y escuchado es el primer paso para perder el miedo a hablar en público. Considero que a muchos, el miedo les viene de las primeras veces que se pusieron rojos en el instituto, algo que se queda tan clavado, que acaba marcando durante muchos años.

Algunas claves para superar el miedo a hablar en público

Hoy quiero compartir con vosotros algunas claves que me han ayudado a superar ese pánico escénico. No las voy a contar. Veremos cuantas salen y luego le pondremos un número.

  • Me ayuda recordar que las personas a las que les hablo también son personas, que probablemente de adolescentes no querían salir a la pizarra.
  • En el sistema judicial las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Por tanto cuando me enfrento a un nuevo público parto de la base de que todos y cada uno de ellos son en potencia personas íntegras, personas buenas, personas con las que me apetece conectar.
  • Siempre nos sentiremos tentados de mirar en exclusividad a aquella persona a la que estamos aburriendo, una persona del público que no deja de mirar el teléfono. Al principio trataba desesperadamente de reconquistar a esos oyentes. A la larga he aprendido que lo mejor es dejarlo estar y centrarte en las personas que están contigo. Valora si necesitas cambiar el ritmo (si estás generando aburrimiento en general) pero sin obsesionarte en las caras largas. Nunca sabemos por qué realmente tienen las caras largas y probablemente no tenga nada que ver con nosotros y ya venían así desde por la mañana, e incluso, a veces, de fábrica.
  • Ponte guapo o guapa. No se trata de llevar o no camisa, pero si de sentirte bien con tu propio estilo. El ritual de prepararte unos segundos frente al espejo, sonreír un poco y decirte la típica frase de: «yes you can!» o un «¡venga, que tu puedes!» a mí me ayuda mucho. A veces le pongo voz en mi cabeza a esas frases y me imagino que alguno de mis maestros me lo está diciendo en directo. Las personas que nos han enseñado valores pueden ser nuestros amuletos de la suerte cuando tengamos que dar un discurso.
  • No le digas a nadie que estás nervioso. Trata de no hablar con nadie al menos 15 minutos antes de salir. Nada de mirar el teléfono, ni de repasar notas. Céntrate en lo que te espera, recarga pilas y respira. Hablar del tiempo antes de salir a hablar en público sería como ver a un corredor charlar sobre fútbol antes de correr los 100 metros lisos. Los discursos no suelen durar horas y horas. Suelen ser muy reducidos. Por eso hay que estar muy preparado, con los ojos en la meta y conectados con uno mismo.

Hay muchas más cosas que compartir sobre cómo vencer el miedo escénico al hablar en público. Me encanta escribir sobre ello pero sobre todo lo que me gusta es compartir estas experiencias en directo. Aún estás a tiempo (odio esta frase, ¡pero es que aún lo estás!) de apuntarte a nuestro taller este Jueves a las 19.00 horas en Coworkidea.  Aquí tienes el enlace. A veces la mejor manera de hacer algo, es haciéndolo. Planear un evento con meses de antelación puede funcionar, pero también puedes permitirte el ver un evento un miércoles, y apuntarte ese mismo día para el día siguiente. A lo loco.

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